Era mío para protegerlo. Mío para adorarle. Mío para perderlo para siempre. *Una versión moderna y apasionante de Poseidón e Ícaro.* Puede que Ícaro no haya volado muy cerca del sol, pero ha caído justo en las ásperas manos del mismísimo Poseidón del Olimpo. Estar cautivo del gentil gigante no sería tan malo si el Olimpo no estuviera al borde de la destrucción o si Poseidón dejara de mirarlo con esos ojos irresistiblemente tormentosos.