Cuando pensamos en lo que nos ha herido en nuestra vida, se nos hacen más evidentes las traiciones, el daño y el impacto de lo que nos sucede. Sin embargo, si lo pensamos bien, la ausencia, las pérdidas, lo que hubiera sido importante que pasara y no pasó deja en nuestro interior las huellas más duraderas. Las palabras que no se dijeron, el que no nos vean, el sentir que no importamos o que no existimos para las personas que son significativas para nosotros puede ser más doloroso que un golpe o que un insulto. ¿De qué manera influye lo que no pasó en lo que nos ocurre ahora? Sus efectos son muchas veces silenciosos, latentes, profundos. Lo que no pasó puede ser la pieza del puzle que nos falta para conocernos realmente a nosotros mismos.