Tampoco yo soy un robot muestra la inquietud ante la deshumanización de nuestro tiempo. El lenguaje poético en la necesidad de tomar partido por lo humano, consciente de que de nada serviría no ser un robot si todos los demás lo son. Confianza en un humanismo que retome las humanidades clásicas, los valores de la cultura, para posicionarse frente a la violencia y la barbarie. ¿Qué significa hoy ser humano? ¿Y la poesía? Tal vez seguir haciéndose preguntas desde la incertidumbre, descifrar las paradojas de las emociones, reconciliarnos con la naturaleza y la dignidad de ser efímeros.