Al comienzo del siglo XII, al amparo de las cortes de señores feudales y reyes, surgió en el mediodía francés la lírica trovadoresca, movimiento poético diametralmente opuesto a la épica, entonces en auge. Los trovadores fueron los auténticos creadores del oficio de poeta y llegaron a constituir una sociedad de hombres de letras que, frente a la épica, espejo de la colectividad, rindiendo culto a lo individual.