Un refugio. Un ritual. Un nuevo comienzo. Bajo los cerezos, junto a uno de los ríos de Tokio, hay un pequeño café con tres mesas de madera. Un lugar discreto, casi oculto, donde el tiempo parece detenerse y a las historias de sus visitantes pueden ser escuchadas. Algunos lunes muy especiales, el Maestro, dueño del café, prepara una cata de matcha. Nada se anuncia con antelación. Hasta allí llegan quienes atraviesan momentos difíciles: una mujer a la que la suerte parece haber dado la espalda, una pareja que se ha distanciado con el tiempo o una artista que ha perdido la inspiración. Y al compartir el matcha, también comparten sus historias. La ceremonia del té, con sus movimientos lentos y delicados, los invita a detenerse, a escucharse y a comprender mejor qué les pasa y qué necesitan.