Vivimos en un mundo que nos ofrece opciones aparentemente infinitas y valora la libertad por encima de todo. Tenemos una cantidad sin precedentes de opciones sobre qué hacer, quién ser y cómo emplear nuestro tiempo. Toda esa elección es maravillosa; también es abrumadora. La ironía es que la libertad total puede ser paralizante, y los recursos ilimitados no necesariamente conducen a los mayores avances. De hecho, sobrevalorar la libertad total puede ser desastroso para todo, desde iniciar una empresa hasta aprovechar la creatividad y encontrar la satisfacción personal.