Hernando, MOMO, del Villar ocupa un lugar singular en la historia del arte colombiano y caribeño gracias a una obra que, a lo largo de dos décadas, transitó con rigor entre la figuración y la abstracción. Su exploración visual, marcada por una aguda interpretación del cuerpo y el paisaje, así como por un particular sentido del humor, se distinguió por articular motivos culturales locales y foráneos siempre emidados por una quietud formal sobre el plano, la línea, el color y la luz.