En la mayoría de los casos, las personas afortunadas y las que no lo son se enfrentan a las mismas situaciones y contratiempos a lo largo de la vida. Lo que cambia es la actitud y la mentalidad con que los afrontan. Para cultivar la suerte hay que asumir riesgos calculados, ampliar nuestras redes sociales o reinterpretar los fracasos como oportunidades. La neurocientífica Nobuko Nakano sostiene que la suerte no es algo aleatorio, sino algo que puede cultivarse mediante acciones intencionadas. Nuestros pensamientos y comportamientos moldean la forma en que el cerebro procesa la información e influyen en cómo nos relacionamos con el mundo. Si creemos en resultados positivos, es más probable que actuemos de manera que los hagamos realidad.