El duelo entre el chino Ding Liren y el ruso Ian Nepomniachtchi por el título mundial marcó un antes y un después. Por primera vez en mucho tiempo, las soporíferas partidas acabadas en tablas «de grandes maestros» se vieron sustituidas por una sucesión de victorias de uno y otro contendiente, en un combate de golpes y contragolpes que más parecía una final de boxeo por su dramatismo.