El colegio es el espacio donde los estudiantes consumen entre un tercio y la mitad de sus comidas, siendo un ambiente crucial para intervenciones que tengan como objetivo influenciar el entorno alimentario. Una de las formas de incidir en este espacio es a través del suministro de comidas escolares basadas en alimentación real, pues la evidencia nos muestra, entre otros efectos, cómo esta medida mejora la condición física y la salud psicosocial de niños, niñas y adolescentes. Paralelamente, cuando estos alimentos provienen de la economía familiar campesina, por medio de un esquema de compra pública de alimentos reales conectado con las realidades territoriales, tiene el potencial de dinamizar las economías locales, contrarrestando las inequidades en el mercado alimentario que afectan a este segmento productivo.