Bulbancha, «lugar de muchas lenguas», era el nombre por el que los nativos americanos conocían el territorio sobre el que los colonos franceses construyeron la ciudad de Nueva Orleans para aprovechar las conexiones comerciales que favorecía el río Misisipi. La zona, lastrada por unas condiciones climatológicas y geográficas desfavorables, se convirtió desde sus orígenes en un lugar de encuentro, refugio e intercambio cultural. Y también en el escenario de múltiples injusticias. A pesar de las circunstancias, fue la primera ciudad de Estados Unidos que contó con un barrio afroamericano y una ópera, y en sus calles se fraguó un género musical de carácter popular el jazz que revolucionó todo el planeta.