La vida en comunidad se sustenta en un sistema de reglas que todos comprenden y asumen como propio. Esto nos ayuda a prevenir confrontaciones dañinas y a crear lazos más fuertes, reconociendo que cada unos de nosotros ocupa un lugar en el mundo todo el tiempo. Sin embargo no es suficiente con solo entender las emociones de los demás (empatía emocional); es crucial transformar esa comprensión en acciones concretas que se ajusten a cada situación.
Prólogo de Carmiña Villegas